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Trastornos digestivos en perros en verano: ¿por qué son más frecuentes y qué hacer?
Trastornos digestivos en perros en verano: ¿por qué son más frecuentes y qué hacer?
Heces blandas, diarrea, vómitos, gases o disminución del apetito: algunos perros parecen presentar más trastornos digestivos durante el verano.
Sin embargo, el calor no es siempre el responsable directo. Lo que cambia principalmente son los hábitos y las exposiciones: viajes, alimentos nuevos, restos de barbacoas, agua ingerida durante el baño, residuos encontrados en el exterior o modificaciones de la rutina diaria.
Un trastorno digestivo leve puede ser pasajero. Pero algunos síntomas también pueden indicar una intoxicación, una infección, la presencia de parásitos o la ingestión de un cuerpo extraño. Por eso es importante conocer las posibles causas y saber cuándo consultar a un veterinario.
¿Por qué el verano puede alterar la digestión del perro?
1. Los cambios de alimentación durante las vacaciones
Durante las vacaciones, los horarios de las comidas pueden cambiar y el perro puede recibir alimentos diferentes de su dieta habitual.
Un cambio brusco de alimentación puede provocar:
- heces más blandas;
- diarrea pasajera;
- gases;
- vómitos;
- disminución del apetito.
Incluso un alimento que normalmente tolera bien puede causarle molestias digestivas si se administra en una cantidad inusual o coincide con otros cambios.
Cuando sea necesario modificar su alimentación, generalmente es preferible realizar una transición progresiva. Si los trastornos persisten, conviene consultar a un veterinario.
2. Los restos de barbacoas y pícnics
En verano aumentan las comidas al aire libre, los pícnics y las barbacoas. Por tanto, también aumentan las oportunidades de que el perro encuentre un trozo de carne, una salsa, un hueso o algún alimento caído al suelo.
Los alimentos muy grasos, las sobras y los alimentos en mal estado pueden provocar vómitos o diarrea. El consumo de una cantidad importante de alimentos ricos en grasa también puede estar relacionado con una pancreatitis, cuyos posibles síntomas incluyen dolor abdominal, vómitos, diarrea, debilidad y pérdida de apetito.
Los huesos, pinchos de brocheta, envoltorios y otros residuos pueden provocar una obstrucción o una lesión en el aparato digestivo.
Por ello, es recomendable:
- guardar los residuos en una papelera o contenedor cerrado;
- no dejar restos de comida a su alcance;
- vigilar al perro durante las comidas al aire libre;
- evitar darle alimentos grasos, condimentados o poco habituales.
Si sospechas que tu perro ha ingerido un hueso, un pincho de brocheta, un envoltorio u otro objeto, contacta rápidamente con un veterinario.
3. El agua ingerida durante el baño
Mar, río, lago, piscina, estanque o fuente: cuando un perro nada, juega o intenta atrapar un juguete en el agua, puede ingerirla involuntariamente.
Las consecuencias dependen de la procedencia del agua y de la cantidad ingerida.
Agua de mar
La ingestión de agua de mar puede provocar vómitos y diarrea debido a su elevada concentración de sal.
Una ingestión importante puede causar síntomas más graves, como debilidad, temblores musculares, pérdida de coordinación o convulsiones. En estos casos, se trata de una urgencia veterinaria.
Lleva siempre agua dulce para tu perro e interrumpe regularmente los juegos para evitar que beba agua de mar.
Ríos, lagos y aguas estancadas
Un agua aparentemente limpia puede contener bacterias, parásitos u otros contaminantes. Su calidad puede deteriorarse especialmente después de lluvias intensas o cerca de vertidos de aguas residuales.
Algunas aguas cálidas y estancadas también pueden contener cianobacterias, conocidas popularmente como «algas verdeazuladas». La ANSES señala que se atribuyen regularmente muertes de perros a las cianotoxinas.
Evita que tu perro se bañe cuando:
- el agua presente un color o una espuma inusuales;
- haya depósitos verdosos visibles en la superficie o en las orillas;
- exista una prohibición de baño o una alerta local;
- el agua desprenda un olor anormal;
- se observen peces u otros animales muertos.
Si sospechas que tu perro ha estado en contacto con cianobacterias, evita que se lama, aclara su pelaje con agua limpia y contacta inmediatamente con un veterinario.
Piscinas, estanques y fuentes
Los riesgos dependen del mantenimiento del agua y de los productos utilizados. No se debe permitir que el perro beba directamente de una piscina, un estanque ornamental o una fuente pública.
Un perro también puede tragar una cantidad excesiva de agua al nadar durante mucho tiempo, bucear o atrapar repetidamente un juguete. La intoxicación por agua es poco frecuente, pero puede provocar rápidamente debilidad, vómitos, abdomen hinchado, alteraciones de la coordinación, convulsiones o pérdida de conocimiento.
Para reducir este riesgo:
- haz que tu perro salga regularmente del agua;
- establece periodos de descanso;
- evita los juegos acuáticos demasiado prolongados;
- utiliza preferiblemente un juguete plano y flotante, más fácil de sujetar sin mantener la boca abierta;
- nunca dejes que tu perro se bañe sin supervisión.
Importante: este riesgo no justifica limitar el acceso normal del perro a su agua de bebida.
4. La arena, los residuos y lo que el perro recoge del suelo
En la playa, el perro puede ingerir arena al lamer un juguete, escarbar o atrapar una pelota. Una cantidad pequeña suele eliminarse de forma natural, pero una cantidad importante puede irritar el aparato digestivo o contribuir a una obstrucción.
En parques, orillas o zonas de pícnic, el perro también puede ingerir:
- alimentos abandonados;
- residuos;
- plantas;
- excrementos;
- peces o animales muertos;
- sustancias potencialmente tóxicas.
Si después de una salida aparecen vómitos, dolor abdominal, hinchazón del abdomen o ausencia de deposiciones, contacta rápidamente con un veterinario.
5. Los viajes, el estrés y los cambios de rutina
Irse de vacaciones, viajar en coche, alojarse en una casa nueva, permanecer en una residencia, convivir temporalmente con muchas personas o cambiar los horarios puede afectar especialmente a los perros sensibles.
El estrés relacionado con los viajes, una residencia o un cambio de entorno se encuentra entre las posibles causas de diarrea en el perro.
Para ayudarle a conservar sus referencias habituales:
- mantén sus horarios siempre que sea posible;
- lleva contigo su alimentación habitual;
- evita acumular varios cambios al mismo tiempo;
- proporciónale un espacio tranquilo para descansar;
- realiza cualquier transición alimentaria de forma progresiva.
6. El calor y el riesgo de deshidratación
Sería incorrecto afirmar que el calor provoca directamente todas las diarreas estivales. Sin embargo, aumenta las necesidades de hidratación del perro y puede agravar las consecuencias de una diarrea o de los vómitos.
Un perro que pierde agua a través de heces líquidas puede deshidratarse más rápidamente cuando hace calor.
Deja siempre agua fresca y limpia a su disposición. Durante los paseos, lleva una botella y un recipiente, incluso si hay un río o una fuente en el recorrido.
Si el perro se niega a beber, vomita el agua, parece débil o presenta las encías secas, contacta con un veterinario.
¿Qué hacer si tu perro presenta un trastorno digestivo leve?
Si tu perro solo presenta heces blandas desde hace menos de 24 horas, pero continúa activo, bebe con normalidad y no muestra ningún otro síntoma:
- Déjalo descansar en un lugar tranquilo y evita los esfuerzos intensos.
- Mantén siempre agua fresca a su disposición.
- Retira los premios, las sobras y los alimentos poco habituales.
- Anota el aspecto y la frecuencia de sus deposiciones.
- Intenta identificar qué podría haber comido o bebido.
- Controla su comportamiento, apetito e hidratación.
- Consulta con tu veterinario antes de administrarle un medicamento o modificar considerablemente su alimentación.
Nunca administres a tu perro un medicamento de uso humano contra la diarrea o los vómitos sin indicación veterinaria.
¿Cuándo hay que consultar rápidamente a un veterinario?
Contacta con un veterinario sin esperar si tu perro presenta:
- sangre en las heces o en los vómitos;
- diarrea muy líquida, intensa o repetida;
- vómitos repetidos;
- dolor o hinchazón abdominal;
- debilidad, cansancio intenso o pérdida de coordinación;
- temblores o convulsiones;
- pérdida de apetito acompañada de otros síntomas;
- incapacidad para beber o retener el agua;
- signos de deshidratación;
- sospecha de ingestión de un objeto, una cantidad importante de agua de mar, una sustancia tóxica o agua que pueda contener cianobacterias.
También se recomienda consultar a un veterinario si el trastorno dura más de 24 horas o afecta a un cachorro, un perro mayor, un animal enfermo o que está recibiendo algún tratamiento.
¿Cómo acompañar progresivamente la recuperación del equilibrio digestivo?
Una vez descartada cualquier situación grave y estabilizado el estado del perro, el regreso a su rutina debe realizarse progresivamente:
- restablecer horarios regulares;
- evitar las sobras y los cambios bruscos de alimentación;
- mantener una hidratación suficiente;
- favorecer el descanso;
- vigilar la consistencia de las heces durante varios días.
Algunos complementos alimenticios también pueden ayudar a mantener el equilibrio digestivo diario. Sin embargo, no sustituyen un diagnóstico ni el tratamiento de una intoxicación, una infección o una diarrea intensa.
La fórmula Equilibrio de la flora intestinal ANTON combina prebióticos, postbióticos y fermentos lácticos tindalizados. Está formulada para acompañar el equilibrio de la microbiota y el confort digestivo, especialmente durante cambios de alimentación o periodos de estrés.
El Psyllium BIO ANTON es una fibra vegetal soluble que contribuye a regular el tránsito y a mejorar la consistencia de las heces ocasionalmente blandas. Debe administrarse siempre con suficiente agua o mezclado con un alimento húmedo.
Si existen síntomas, consulta con tu veterinario antes de incorporar un complemento alimenticio.
¿Cómo prevenir los trastornos digestivos durante el verano?
Algunas precauciones sencillas pueden ayudar a reducir los riesgos:
- llevar la alimentación habitual del perro durante las vacaciones;
- realizar progresivamente cualquier transición alimentaria;
- conservar los alimentos a una temperatura adecuada;
- impedir el acceso a la basura y a los restos de barbacoas;
- llevar agua fresca en cada salida;
- evitar que el perro beba agua de mar o de estanques;
- consultar las alertas locales antes de permitir el baño;
- interrumpir regularmente los juegos en el agua;
- vigilar lo que el perro recoge o ingiere;
- mantener, siempre que sea posible, sus horarios y rutinas habituales.
Lo más importante
Los trastornos digestivos no están provocados automáticamente por el calor. Durante el verano, son principalmente los cambios de alimentación, los viajes, el estrés, los alimentos inusuales, los residuos y las distintas aguas ingeridas los que multiplican los factores de riesgo.
Una deposición ligeramente blanda y aislada puede ser pasajera. En cambio, una diarrea persistente, vómitos, sangre, dolor, debilidad o un comportamiento inusual requieren valoración veterinaria.
Observar rápidamente el contexto y los demás síntomas ayuda a diferenciar una molestia puntual de una situación potencialmente urgente.
Fuentes veterinarias
- VCA Animal Hospitals — causas y gravedad de la diarrea en perros
- PDSA — diarrea en perros y situaciones que requieren atención veterinaria
- Merck Veterinary Manual — intoxicación por sal
- PDSA — intoxicación por ingestión excesiva de agua
- ANSES — riesgos relacionados con las cianobacterias
- Blue Cross — riesgos relacionados con las aguas contaminadas
- Merck Veterinary Manual — pancreatitis en perros
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